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martes, 18 de diciembre de 2007

Luz

Había nacido una noche oscura pero cálida. Las luciérnagas celebraban la nueva vida entregando al mundo todo su brillo, y dibujaban estelas de esperanza sobre el negro lienzo que el ocaso les había regalado.

Su vista tardó en adaptarse al nuevo medio, pero comenzaba a tropezar con nuevas sensaciones que, a pesar de ser desconocidas, le resultaban agradables.

Podía sentir cosas que no sabía describir aún: podía adivinar la alegría de su padre, podía percibir el calor de su madre, que le abrazaba como si fuera su tesoro más grande, podía sentir el abrigo de entes que se movían como manchas de todos los colores del arcoiris, que más tarde serían los amigos que le acompañarían durante toda su vida trazando caminos que se cruzaban y se separaban: esos amigos que pintarían la obra de arte de su propia vida, salpicando de colores su alma.

Pronto se dio cuenta de que existía, de que él también entregaba a los demás algo, sin controlarlo, pero sin querer controlarlo. Notó el olor del heno donde su madre lo había depositado. Notó que a su alrededor se abría generoso un mundo que todavía, dado el poco tiempo que llevaba con vida, ni se había atrevido a imaginar.

De pronto sintió que algo ocurría, algo que no podía controlar: las fuerzas le fallaban, sus parpados se cerraban sin poder evitarlo y se sumergía en una oscuridad que le invitaba a relajarse, a abandonar la vigilia en manos de los que más le querían. No era miedo lo que sentía, pero sí incertidumbre. Era normal, nunca había experimentado el sueño.


A través de sus párpados podía ver una tenue luz rojiza que le hizo recordar que estaba vivo: el día había venido a darle la bienvenida. Abrió poco a poco los ojos. No podía creer lo que el mundo le ofrecía. La luz se adentraba caprichosa jugando con el aire, atravesandolo suavemente, como si acariciara absolutamente todo. Era la misma luz que se posaba en su piel, recordandole el calor de su madre, que la noche anterior le había protegido tanto.

Giró sobre sí mismo y allí estaba ella, siempre pendiente. No le hacía falta aprender qué era el amor. Su madre era su mejor ejemplo.

Pronto comenzó a probar su propio cuerpo, y no tardó en acostumbrarse al equilibrio y a su ambiente. Consiguió atreverse a alejarse del heno, a corretear de aquí para allá y a levantarse cada vez que caía.

Se dio cuenta de que a su alrededor no había muchas cosas que le quedaran por conocer: su manto de heno, sus padres, el marrón suelo y nada más. Podía ver a esos amigos que le rodeaban, pero estaban separados de él por unas paredes que hacían cada vez más pequeño el espacio por conocer, pero no dejaban ir más allá.

Pasaron los días, y de pronto una nueva criatura apareció: Era gris, fría y enorme. Por primera vez sintió miedo. La criatura se acercaba a sus amigos, los miraba, les gritaba cosas y se movia haciendo aspavientos. Poco después se marchaba.

No sabía qué era esa nueva criatura, pero pronto empezó a estar intranquilo. Todos los días seguía el mismo ritual: venía, observaba, gritaba, se movía sin parar y se iba. A veces tiraba algo al suelo que su madre le traía para comer.

Aún así, había algo que nunca fallaba: la luz volvía siempre para rescatarle de sus pesadillas. No sabía por qué, pero la silueta de la criatura que durante el día venía a amedrentar a sus padres y amigos, durante la noche le obligaba a aferrarse a la oscuridad, lo más cálido que podía encontrar entre las tinieblas de su miedo. Esa silueta, que se llevaba todo lo que conocía y amaba, mientras se esfumaba entre almas de seda y humo.

Y un día la luz no vino a socorrerle. Fue el llanto y desesperación que su madre, mientras la silueta que se hacía real abría la puerta que daba a lo desconocido, lo que le arrancó de su sueño.

La criatura, como si su pesadilla hubiera logrado escapar de los grilletes del subconsciente, intentaba con violencia separarle de su madre. Y ésta, en un ultimo y desesperado esfuerzo, lo empujó con fuerza hacia aquel mundo desconocido que yacía fuera del lugar donde nació. Sorprendido, se quedó petrificado durante un instante: de todo lo que le rodeaba, lo único que le inspiraba seguridad era su madre, y ahora sentía miedo hacia ella. ¿Por qué le había empujado de forma tan violenta? ¿Por qué el calor del amor le rechazaba?

Huyó, entre sollozos, corriendo, hacia donde se encontraba su otra madre, la que tantas veces le había protegido de sus pesadillas, la que, luminosa y cálida, le esperaba a lo lejos.

Y mientras huía hacia la luz, mientras oía los gritos y sentía el dolor de su madre, comprendió que ella, como la luz, también quería salvarle de su pesadilla, aquella pesadilla que, escudriñando, había llegado al mundo real. Y mientras una luz se apagaba tras un suspiro de paz, la otra, generosamente, susurraba libertad.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Grana y Oro

Rojo, sangre
un color muy nacional

morbo, suerte
sol y arena, ¡vive dios!
arte, muerte
sirve de alimento
pase, valiente
y vuelta al ruedo.

Cuando el acero me traspasa el corazón
y se le llama fiesta;
y otra vuelta de tuerca
cuando el sadismo se convierte en tradición
y la faena en gesta, y nadie se molesta.


Pinchos, siente
recital multicolor
pasodoble, ambiente
de nobleza y de pasión
¡la oreja presidente!
los pañuelos al viento
alza la frente
y mira al cielo.

Grana y Oro - Reincidentes - Algazara

jueves, 26 de julio de 2007

Heroicidad Impuesta

Desde tiempos ya lejanos, los animales han tenido un papel importante en las guerras. Sin embargo, no hay sido usados solo como medio de transporte. Una larga historia de heroicidad impuesta por los animales humanos, a la par que triste.


Griegos y romanos usaron, en ocasiones, una "curiosa" (por llamarlo de alguna manera) arma antielefantes: los guerreros sostenían cada uno un cerdo, y cuando los elefantes estaban a la vista, prendían fuego a las colas, previamente untadas con grasa, de los marranos y los soltaban. Éstos, presas del pánico y del dolor, corrían chillando en todas direcciones, lo cual hacía que los elefantes se asustaran y, con un poco de suerte, escaparan al control de sus guías.

En el ataque de Gengis Khan al reino de Xixia (hsi-hsia), en en año 1.206, se topó con la fortaleza de Wolohai. Tras varios intentos de asalto sin éxito por parte de los mongoles, que no contaban aún con armas de asedio, Gengis Khan pidió como tributo al gobernador de Wolohai mil gatos y diez mil golondrinas. El gobernador aceptó, entregándole los animales. Los mongoles ataron algodón con brea a las colas de las criaturas, y les prendieron fuego. Los animales, despavoridos, huyeron hacia la ciudad a refugiarse, incendiandola sin control. Así tomaron los mongoles su primera ciudad fortificada.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los animales también sufrieron las consecuencias de la incapacidad de los humanos para llegar a un acuerdo. Canarios y ratones eran enviados a los tuneles tras las líneas enemigas para detectar, a costa de sus vidas, gases venenosos. También entrenaron perros antitanque: estos animales eran entrenados para lanzarse bajo los vehiculos y tanques enemigos, en busca de comida (no lo entiendo, pero eso he leído). Más tarde, en territorio hostil, los perros eran soltados con minas adosadas al cuerpo, los cuales, debido a su entrenamiento, corrían a meterse debajo de los tanques y estallar juntos.

El cuerpo aéreo de la Marina de EEUU utilizó murcielagos kamikazes con pequeñas bombas incendiarias atadas a su cuerpo.

Otra perla de EEUU: en 2005 entrenaron delfines para seguir a los submarinos enemigos, y les dotaron de un "arma" con la cual podían atacar a los buzos enemigos: dicha arma disparaba unos dardos con una sustancia química. Pues bien, los delfines se han escapado y andan perdidos por el mar. Así que si se os ocurre ir a bucear por norteamérica, cuidadito xD.

Cuanta soberbia...

En fin, un saludo.

lunes, 9 de julio de 2007

Otra lección más

El Kea es un papagayo endémico de las montañas de Nueva Zelanda que, además de demostrar una inteligencia muy alta, es un animal de naturaleza muy juguetona, de ahí que también sea conocido como el payaso de las montañas.

Es un ave omnívora: su dieta se basa en 15 tipos distintos de plantas, larvas de insecto, otros pajaros e incluso mamíferos, como ovejas y conejos. Sin embargo, los Keas en cautividad tienen una su golosina preferida: la mantequilla.

Actualmente se estima que quedan entre 1.000 y 5.000 Keas. En un principio, el gobierno de Nueva Zelanda puso precio a las cabezas de los Keas, ya que éstos animales mataban a las ovejas de pastores neozelandeces. De ahí que cazadores hayan hecho disminuir tremendamente la población de Keas: Antes de 1970, se asesinaron 150.000 Keas silvestres.

Más tarde, recibieron una protección parcial, ya que la población total de Keas se vió truncada a 5.000 pajaros. En 1.986, el gobierno retiro a los granjeros el derecho legal de disparar a los Keas, a cambio de prometer mantenerlos alejados de sus tierras.

Hace poco, he visto un video sobre la inteligencia de los Keas. Tan solo digo: impresionante. Estos animales, además de demostrar una inteligencia tan alta, demuestran un cooperativismo que supera el de muchísimos humanos. Son capaces de trabajar en equipo para conseguir un objetivo común.

Una vez más, los animales no humanos vuelven a darnos una lección.

Os dejo con el video. Saludos!



jueves, 3 de mayo de 2007

Un regalo flotando en el aire

Esta mañana, como todos los días desde que empecé las prácticas en la empresa, me levanté a las 6:30 AM (bueno, siempre apuro un poco el reloj...) y salí de casa hacia la parada del autobús.


Hoy no llovía como ayer, pero hacía bastante viento. Todo parecía mecerse involuntariamente con los resoplidos del viento, hasta las personas, como si quisieran resistirse pero no pudieran.

Diez minutos después de salir para Córdoba, empecé a sentirme mal. No sé, había dormido poco y tenía el estómago un poco raro. Y así estuve prácticamente todo el trayecto.

Pero, cuando estaba a punto de llegar a mi destino, y estabamos parados delante de un semáforo que parecía más avergonzado que rojo, dejé de mirar hacia la calzada a través de la ventanilla. Subí la mirada y allí estaban: unas cuarenta golondrinas se sostenían, haciendo piruetas caprichosas, en el aire.

Entonces me fijé que las golondrinas no soportaban el viento: jugaban con él.

En mi piso, generalmente, hay muchas golondrinas. A veces las miro y parecen muy ocupadas, atareadísimas, buscando ramitas y comida, de un lado para otro.

Pero esas golondrinas que flotaban bajo el manto azul no estaban haciendo nada.

Podrían estar relativamente lejos, pero, aún sin verlas de cerca, podría afirmar que estaban disfrutando. Algunas golondrinas jugaban a perseguirse; otras, aparecían más apartadas del grupo, flotando (Si, no se movían, tan solo flotaban gracias a la resistencia que sus alas ofrecían al viento) solitarias, y otras, subían y bajaban una y otra vez dibujando hélices en el aire.

Por un momento, me pareció que aquellas golondrinas disfrutaban de un día totalmente hedonista. Disfrutaban del viento, del aire.

Y de pronto me sentí muy bien. Hasta dejó de molestarme el estómago. Tal vez si hubiera forzado mis sentimientos, me hubiera observado a mí mismo, me hubiera dicho "¡No seas ñoño, joder!", y nunca hubiera escrito nada de esto. Pero esas golondrinas me hicieron sentir realmente bien.

Ya me gustaban antes las golondrinas. Hoy, después de todo esto, me gustan aún más.

martes, 6 de marzo de 2007

Tortura no es Cultura

He recibido un correo de parte de JGF, y la verdad es que me ha llamado la atención, así que aquí os lo dejo. Una verdad como un puño. ¡Saludos!
Voy a contaros lo que he hecho hoy. He salido a por un gato, he cogido el primero que he visto por mi calle y me lo he llevado a casa.

Luego lo he encerrado en un cuarto oscuro para que al soltarlo la luz lo desoriente. Al cabo de un día, lo he sacado a un patio interior que tengo, para que no pudiese escapar y ha estado correteando por el patio un buen rato.

Como veía que iba para largo, le he empezado a clavar unas agujas de estas de coser en el lomo, a ver si las heridas conseguían pausarlo. El caso es que sí, se ha empezado a cansar, está claro que esas heridas y la pérdida de sangre cansan a cualquiera, así que antes de que muriera y cuando he visto que su agonía era la justa como para no enterarse de quién estaba cerca, he cogido un hierro afilado y ¡¡¡zassss!!! le he atravesado. Seguramente le he destrozado el hígado y los pulmones porque ha muerto ahogado en su propio vómito de sangre.

Finalmente le he cortado las orejas y el rabo y ahora lo estoy arrastrando atado a una cuerda hasta el container de la esquina. Me siento muy orgulloso de mi trabajo, ¡¡¡me he divertido muchísimo!!!

Antes de que me llaméis de todo, por favor leed lo siguiente: Si cambias GATO por TORO, en vez de un hijo de puta maltratador de animales sin sentimientos ni escrúpulos, ¿qué sería?, ¿un maestro? ¿me sacarías a hombros como un héroe?

No lo dudes, el toreo es una forma más de tortura y asesinato animal. PASALO, si quieres, y compartes esto, por mail a tus contactos para crear concienciación.

Es la mejor forma de ir acabando con esto.

jueves, 1 de marzo de 2007

Mejor desnuda que usar piel

Joanna Krupa, top-model, actriz y activista de la organización pro-animales PETA, protagonizó ayer un momento especial en la pasarela de la Semana de la Moda de París, de la cual Christian Lacroix era anfitrión, cuando de repente subió a la pasarela únicamente ataviada con una pancarta en la cual se podía leer I'd Rather go naked than wear fur (Prefiero ir desnuda a vestir piel).


Esta acción se suma a la campaña del mismo nombre que protagoniza Joanna Krupa, de la cual han surgido una serie de carteles con el fin de solidarizarse con la causa.

Ésta chica no es la única celebridad que se une al movimiento en contra de los asesinatos de animales con el fin de hacer abrigos y otros productos con su piel. En otras campañas han participado personajes como Sadie Frost, Jamelia, Sophie Ellis Bextor, Kate Ford y otras.

Personalmente, me agradan este tipo de noticias... no sé, tal vez solo sea una sensación, pero siempre da pie a pensar que no todo está perdido mientras haya gente que se preocupe por algo más que por mirarse el ombligo.

El año que viene, me voy a la pasarela Cibeles en pelotas, a ver si me echan de alli con tanta "delicadeza" como con la que han echado a Joanna Krupa jeje. ¡No valen bates de béisbol!

¡Nos vemos en los bares!