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martes, 19 de junio de 2007

Creciendo

¡Por fin! ¡He acabado el jodido ciclo! ¡Vuelvo a tener vida!

A pesar de lo que haya podido parecer, no, no he abandonado Soy Gris. Lo único que ocurre es que este mes ha sido EL MES. Se juntan las prácticas en empresa con las prisas por el proyecto integrado, la memoria descriptiva y los nervios y así van las cosas.

Pero ahora puedo decir que vuelvo a tener tiempo para darme cuenta de que ya he acabado! (Weee 1)

Y, aunque todavía me parece que se me queda grande, ¡ya soy técnico en explotación de sistemas informáticos! Bueno, vale, no es para tanto, pero joder, ya tenía ganas de acabar... y muestro con orgullo mi tarjetita que lo dice:


Y ahora que puedo respirar y tengo tiempo libre, pues me he dicho: "ostia, pero si yo tenía un blog, ¿no? Debe tener tufillo a podrido ya...".

Bueno, eso de que tengo tiempo libre es relativo. Porque en la empresa donde estaba haciendo las prácticas me han contratado y empiezo a currar el 2 de julio (Weee 2).

En fin, parece que mi vida empieza a encaminarse un poco. Ahora solo falta que LaLuz vuelva de Alemania prontito, que las ganas de verla empiezan a pesar.

jueves, 3 de mayo de 2007

Un regalo flotando en el aire

Esta mañana, como todos los días desde que empecé las prácticas en la empresa, me levanté a las 6:30 AM (bueno, siempre apuro un poco el reloj...) y salí de casa hacia la parada del autobús.


Hoy no llovía como ayer, pero hacía bastante viento. Todo parecía mecerse involuntariamente con los resoplidos del viento, hasta las personas, como si quisieran resistirse pero no pudieran.

Diez minutos después de salir para Córdoba, empecé a sentirme mal. No sé, había dormido poco y tenía el estómago un poco raro. Y así estuve prácticamente todo el trayecto.

Pero, cuando estaba a punto de llegar a mi destino, y estabamos parados delante de un semáforo que parecía más avergonzado que rojo, dejé de mirar hacia la calzada a través de la ventanilla. Subí la mirada y allí estaban: unas cuarenta golondrinas se sostenían, haciendo piruetas caprichosas, en el aire.

Entonces me fijé que las golondrinas no soportaban el viento: jugaban con él.

En mi piso, generalmente, hay muchas golondrinas. A veces las miro y parecen muy ocupadas, atareadísimas, buscando ramitas y comida, de un lado para otro.

Pero esas golondrinas que flotaban bajo el manto azul no estaban haciendo nada.

Podrían estar relativamente lejos, pero, aún sin verlas de cerca, podría afirmar que estaban disfrutando. Algunas golondrinas jugaban a perseguirse; otras, aparecían más apartadas del grupo, flotando (Si, no se movían, tan solo flotaban gracias a la resistencia que sus alas ofrecían al viento) solitarias, y otras, subían y bajaban una y otra vez dibujando hélices en el aire.

Por un momento, me pareció que aquellas golondrinas disfrutaban de un día totalmente hedonista. Disfrutaban del viento, del aire.

Y de pronto me sentí muy bien. Hasta dejó de molestarme el estómago. Tal vez si hubiera forzado mis sentimientos, me hubiera observado a mí mismo, me hubiera dicho "¡No seas ñoño, joder!", y nunca hubiera escrito nada de esto. Pero esas golondrinas me hicieron sentir realmente bien.

Ya me gustaban antes las golondrinas. Hoy, después de todo esto, me gustan aún más.

jueves, 26 de abril de 2007

Mejor no saberlo

Imagino que no seré el único al que le ha pasado alguna vez: hay cosas que, a pesar de que en un principio desearíamos saber, cuando por fin las conocemos hubieramos preferido no saberlas.

Nooo, no me pasa nada (o al menos nada que venga a cuento escribir en un blog). Tan solo es una especie de observación. El otro día estaba pensando, y me dio por acordarme de una cosa que me pasó cuando un servidor disfrutaba de su cada vez menos inocente pubertad. Es una solemne tontería, pero en mi más que conocida costumbre de darle ocho millones de vueltas a las cosas, me sirvió como ejemplo acerca de lo que digo en el primer párrafo.

Estaba yo disfrutando de las merecidas vacaciones de navidad, y aún celebrando la llegada de un nuevo año, cuando, como todo niño en la tierna edad de los 12 años (joder, que lejos queda), tenía una sonrisa inversamente proporcional a los días que faltaban para los reyes. Ya le había echado yo el ojo a un posible regalo: una especie de juego didáctico que se llamaba Taller de Inventos.

¡Sí! Llevaba un mes y pico deseando tener el jueguecillo en mis manos y la fecha se acercaba. Y entonces, un 4 de enero, sucumbí ante oscuros pensamientos: ¡tenía que encontrar el regalo en mi casa! ¡tenía que asegurarme de que me lo habían comprado!

Total, que, aprovechando que mis padres habían salido de casa, me puse manos a la obra. Con sumo cuidado (todo el cuidado que se puede tener a los 12 años), me puse a rebuscar por el cuarto de mis padres, hasta que al final encontré mi regalo.

Mi regalo... al que solamente le eché una mirada para no delatar mi crímen. Mi regalo... que no era Taller de Inventos. Según lo que ví en el lateral de la caja, era una especie de CD interactivo sobre los dinosaurios. Aún recuerdo que, en ese preciso instante, me entró una desilusión tremenda.

Pero al cabo de un rato, pase al segundo estado: comprensión-aceptación. Cuando llegaron mis padres, y en un intento de arreglar algo (tal vez mi propia conciencia, quién sabe), le dije a mi padre algo así como que ya no quería con tanta desesperacion el Taller de Inventos.

Debí haber notado que eso le sentó a mi padre como una patada en el hígado. Llegó el día de reyes, y me levanté temprano (temprano de 12 años) a abrir mis regalos con una mezcla de emoción residual y resignación. ¡Cuál no sería mi sorpresa cuando descubro que allí estaba, al lado del CD de los dinosaurios, el Taller de Inventos! Instantáneamente me sentí el niño más gilipollas del mundo. Resulta que el Taller de Inventos venía en un pack que, como extra, traía el CD de los dinosaurios.

Un gilipollas. Un tremendo gilipollas. Pero un gilipollas feliz.

Yo creo que a mi padre, tras verme ilusionado con el Taller de Inventos, se le pasó la preocupación. Al menos así lo espero.

Con esto cierro la historia de uno de los capítulos más gilipollas de mí vida. Enterrad esta historia bajo turba y sepultadla con toneladas de granito y hormigón, y que no vuelva a salir a la luz.

miércoles, 17 de enero de 2007

En otra dimensión

Ayer fue, en cierta forma, un día del que no me puedo quejar. No, no me ha tocado la lotería ni he acabado con el hambre en el mundo (qué más quisiera...), pero si junto las pequeñas cositas que me han hecho feliz, acabo viendo que esas cosas, por pequeñas que fueran, han conseguido que les preste menos atención a lo que yo llamo "problemas".


Mis padres han decidido que ya era hora de organizar un poco los armarios. Y yo, que a veces me da la vena colaborativa, me he apuntado a hacer lo mismo con el mío. Pues venga, a sacar todo de mi armario.

En ello estaba, cuando encuentro algo que pensaba que había perdido y que no volvería a ver nunca mais: ¡mis bolas de malabares! :-D

He descubierto la forma definitiva para combatir el frío. Ni ropa, ni estufa, ni leches. Quince minutos haciendo malabares y ya estás muerto de calor. ¿Qué más queréis? Es divertido, respeta el medio ambiente y no molesta a nadie. ¡Dejar las videoconsolas, chavales!

Otra de las cosas que me ha alegrado el día ha sido decidir dejar de lado un poco mi "rutina local diaria" delante del ordenador, y jugar un rato con mi primo. Mi primo tiene 7 años, y viene todas las tardes a mi casa, porque sus padres trabajan casi todo el día y no pueden cuidarlo. Y la verdad es que el chaval se aburre un poco aquí. A partir de ahora lo llamaré (porque desde el principio de los tiempos todo el mundo lo llamó así) NiñoCabezón.

Bueno, pues como iba diciendo, ayer me dió un poco por tirar mi rutina a la basura y pararme un rato a jugar con el NiñoCabezón. Joder, ¡lo que me hizo sudar!. Pero bueno, me reí bastante con él, y él dijo algo que me sentó muy bien:

¡Me he divertido un montón! ¡Gracias!

[Modo Lacrimógeno ON] Oooohhh... [Modo Lacrimógeno OFF]

Bueno, y por último, ayer aprendí a ver las dichosas imágenes cross-eye (estereoscopías de vista cruzada, ¡toma ya!). Son pares de imágenes que bizqueando la vista se superponen y hacen que el cerebro piense que son reales, por tanto parece que se salen de la pantalla en la tercera dimensión que falta. Al principio cuesta un poco enfocar la imagen, pero os lo aseguro: vale muchísimo la pena.

Pronto escribiré una entrada sobre este tipo de estereoscopías y os pondré algunas fotos.


Después de lo leído, podéis pensar que mi día tampoco ha sido para tanto. Que "qué chorradas que escribo por aquí, que a nadie le importan". Sip, es más que probable. Pero no hace mucho que descubrí que mis días pasan mucho mejor si valoro las cosas por pequeñas que sean.

Tal vez sea solo una sensación, pero estoy aprendiendo a ser feliz a pesar de todo. Tal vez sea yo quién está en otra dimensión. Y me encanta.

lunes, 1 de enero de 2007

¡¡Feliz 2007!!

¡Otro año más! ¡Qué rápido se pasa el tiempo!

Y como de costumbre, estamos en fechas en las que la gente se pone a decidir qué propósitos quiere cumplir en este año. Los míos: dejar de fumar (o al menos intentarlo otra vez), sacarme el carnet de conducir, dejar de preocuparme por cosas que en realidad no merecen tanta atención, y crear un blog.

No es la primera vez que lo intento, pero siempre acaba, por lo que sea, por no gustarme. Espero que éste sea el definitivo.

El principal problema del blog es que no es temático, sino, por una parte, una vía de escape, para desahogarme y escribir (que buena falta me hace a veces), y por otra, una forma de compartir cosas que creo que vale la pena compartir.

En fin, tampoco voy a alargarme mucho en esta entrada, solo desearos un feliz 2007, que consigáis todo aquello que os propongáis y que lo mejor del 2006 sea lo peor del 2007!!

Un saludo a todos aquellos que hacen que mis años sean en general cada vez mejores.